Cocina solar: una opción económica y amigable con el medio ambiente

Imagen de una Cocina solar parabólica

A mediados de los 1700s, el naturalista Horacio de Saussure, construyó un pequeño artefacto con la intención de aprovechar la energía del Sol. Colocó 5 cajas de vidrio, una dentro de la otra, sobre un trozo de madera. Después de pasar horas expuesto a la luz, el aparato alcanzó una temperatura de 88°C, permitiéndole cocer frutas.

Hoy, lo que empezó en el Siglo XVIII como un experimento científico, se está convirtiendo en una opción económica y amigable con el medio ambiente para la elaboración de alimentos.

Con una cocina solar se puede hacer casi todo lo que en una estufa y un horno ordinarios (freír, cocer, guisar, hornear), la única diferencia es que utiliza una fuente de energía natural, abundante y no contaminante.

La luz del Sol no produce calor por sí sola. Son la radiación y las ondas de luz las encargadas de este proceso. Se siente el calor en la piel, pero éste se produce cuando esas ondas de luz tocan las moléculas en la piel. Esta interacción es similar al concepto que hace que la cocina solar genere grandes temperaturas a partir de la luz del Sol.

En su forma más simple, la conversión de luz solar en calor ocurre cuando los fotones (partículas de luz) que se mueven alrededor de las ondas de luz interactúan con las moléculas presentes en una sustancia. Los rayos electromagnéticos emitidos por el Sol tienen mucha energía en ellos. Cuando tocan la materia, ya sea sólida o líquida, toda esta energía causa que las moléculas en esa materia vibren. Entran a un estado de excitación, y comienzan a moverse por todo alrededor. Esta actividad genera calor. Las cocinas solares utilizan varios métodos diferentes para aprovechar este calor.

Uno de estos métodos es el de acumulación, también conocido como horno solar. Este consiste en una caja con una tapa de vidrio, el cual retiene parte de la energía al haber sido calentado por la radiación solar. Los laterales exteriores y el piso de la caja están aislados con corcho, periódico o fibra de coco, para que no se pierda calor. Las paredes interiores y el fondo del horno tienen aluminio, que refleja la luz. Dentro del contenedor se coloca una cazuela negra para absorber mejor el calor.

A pesar de que al utilizar este tipo de horno la temperatura tarda en subir, tiene la ventaja de que no hace falta vigilarlo continuamente, pues no hay riesgo de que se queme la comida. Se alcanzan temperaturas de hasta 180°C en días soleados e inclusive se puede cocinar en días seminublados.

Otro método de cocina solar es el de concentración o estufa solar. La estufa solar es una parábola hecha de aluminio común, que refleja toda la luz en la cazuela donde se colocan los alimentos. Con este método se alcanzan altas temperaturas en poco tiempo, sin embargo no funcionan cuando el cielo está nublado, y se debe reorientar cada 20 minutos conforme los rayos solares se “muevan”.

La mayor parte de cocinas solares utilizadas consiste en una combinación de ambos métodos, es decir, cocinas mixtas. Una forma de hacerlas es colocándoles un reflector de aluminio al horno solar. Otra manera es colocar el recipiente con la comida dentro de una bolsa de plástico transparente o algún material como vidrio en la parábola de aluminio.